Hace seis días y medio el hombre pisó la luna por primera vez; hace cinco días apareció el primer reproductor digital de audio; hace poco más de cuatro días salió al mercado Windows; la world wide web ha aparecido hace menos de cuatro días; hace tres días y medio apareció el estándar GSM para las comunicaciones móviles; Linux ha aparecido hace un poco más de tres días; Skype ha aparecido hace poco más de un día; Spotify hace veinte horas y whatsapp hace diecisiete horas. Este es el mundo en el que nos ha tocado vivir.
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Lo único que he hecho ha sido cambiar la escala del tiempo, para ser más conscientes del momento en el que nos encontramos. He creado un ser único llamado Innovator. Innovator, nació aproximadamente hace 200.000 años, es decir cuando apareció el homo sapiens. Necesitamos entender mejor lo que ha supuesto la innovación en la humanidad. La esperanza media de vida de un español, ronda los 82 años. Pues bien, a Innovator, le he convertido en un anciano de 82 años, lo que significa que un año suyo equivale aproximadamente a 2.439 años nuestros. Innovator, cuando tenía 75 años descubre las armas y herramientas; casi a los 76 años, es cuando descubre la agricultura y casi inmediatamente después emplea técnicas de construcción para crear las primeras poblaciones. Con más de 76 años domestica animales, con 78 descubre los carros y a los 80 la escritura.

 

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Parece evidente que vivimos en una época en la que la innovación se hace necesaria para emprender con éxito.

El objetivo que se ha marcado Europa para el 2020 es crear un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Ya sólo por el lema en sí, parece que lo que hay detrás es interesante. Yo me voy a centrar en uno de las siete iniciativas que se han establecido para lograr el objetivo último: la unión por la innovación. La Unión Europea considera que la competitividad de Europa, la capacidad para crear millones de puestos de trabajo que sustituyan a los que se han perdido en la crisis y nuestro nivel de vida en el futuro dependen de que seamos capaces de impulsar la innovación en los productos, los servicios y los procesos y modelos empresariales y sociales. Es difícil estar en contra de alguno de dichos objetivos y consideraciones. Es fundamental que innovemos, que mejoremos nuestros productos, servicios y procesos. Y es imprescindible que esta tarea sea llevada a cabo por emprendedores y micro empresas, las cuales sostienen el tejido económico español.
En este aspecto, todos estamos de acuerdo. Sin embargo la mayor parte de la formación que se da a los emprendedores sigue manteniendo la metodología que se utilizaba, cuanto menos hace quince años. Y no es posible exigir, ni siquiera recomendar a las personas, muchas de ellas jóvenes, que emprendan en la innovación, si nosotros no somos capaces de innovar en el emprendimiento. Por ello propongo el lema siguiente:

INNOVAR EN EL PROCESO DE EMPRENDIMIENTO PARA INNOVAR EMPRENDIENDO.

Es necesario cambiar el Entrepreneurship por el innopreneurship.

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Y para facilitar la innovación tan ansiada y buscada voy a intentar desarrollar el modelo del innopreneurship, consistente en configurar una metodología adecuada para ayudar a que un emprendedor sienta la necesidad de innovar desde la primera fase de su proyecto, formada por las que considero mejores herramientas existentes.
Cualquier start up nace con el fin de generar un valor añadido a los potenciales clientes, lo que supone que seamos creativos desde el inicio y que orientemos dicha creatividad a la generación de valor. Este entorno hace que nos veamos necesitados de un método que ayude a realizar dicha tarea. La complejidad del entorno, la velocidad y la magnitud de los cambios obligan a realizar un análisis constante de las nuevas herramientas y metodologías existentes, identificando las más relevantes, que nos permitan generar las mejores ideas para poner en marcha una start up en este entorno.
A lo largo de varias décadas, la formación en emprendimiento ha ido enfocada a la elaboración de un plan de negocio como documento necesario para el emprendedor. Los programas de formación dirigidos al emprendedor, se suelen centrar en elaborar un documento estructurado de la misma manera a como se organizan tradicionalmente las empresas: funcionalmente. Dicha formación tenía su sentido por las premisas implícitas, de las que se partía: exceso de demanda frente a oferta, lo que suponía, que lo importante era cómo financiar las inversiones iniciales y saber si éramos capaces de vender el volumen necesario y a un precio suficiente como para dejarnos un beneficio. La búsqueda de un valor añadido a las necesidades de los clientes vertebra, en muchos casos, la metodología empleada. Esto da lugar, por ejemplo, a que el emprendedor se centre en hacer planes financieros y de tesorería con plazos de tres años, cuando ni siquiera ha prototipado ni validado su producto o servicio. O que se dedique a analizar la forma jurídica que va a tener su empresa, cuando no ha testeado su producto y por lo tanto no sabe si va a llegar a constituirse como empresa. Si estamos de acuerdo en que la innovación es imprescindible para emprender con éxito, parece prudente pensar que debemos ser capaces previamente de innovar en el proceso de ayudar a emprender. Tenemos que hacer innopreneurship.

Frente a los bloques de finanzas, marketing, jurídico fiscal, calidad, medio ambiente, etc, en este artículo voy a describir lo que considero que debe ser el proceso de Innopreneurship, constituido por diversas fases. Gráficamente estaría formado por las siguientes fases, las cuales, salvo la primera, no tienen porqué ser secuenciales.

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A las metodologías más modernas le he añadido una fase inicial, que considero fundamental: el análisis de las tendencias. Las tendencias, son fuerzas en el desarrollo humano y tecnológico que afectarán el futuro en todas las áreas de la actividad humana, en un horizonte de diez a quince años. Las start up las tendrán que tener en cuenta para generar su respuesta de valor. La principal premisa de las tendencias actuales es que transitamos de una sociedad industrial a una sociedad basada en el conocimiento, y que es por lo tanto el desarrollo de este conocimiento el mejor indicador de la sociedad futura y sus oportunidades. Las tendencias nos sirven para identificar los comportamientos que influenciarán a personas, grupos, instituciones, comunidades, regiones y países, y con ello encontrar oportunidades para producir o prestar servicios de mayor valor agregado.